EL CALEÑO 50 AÑOS: De la máquina de escribir a la Inteligencia Artificial.


Estamos de plácemes. Por allá en marzo de 1976 nació un nuevo miembro de la llamada Generación X, (nacidos entre 1965 y 1980), llamado EL CALEÑO. Los “X”, conocidos como la “generación sándwich” o "generación puente", están entre los “Baby Boomers”, siempre optimistas, amantes de la estabilidad, las jerarquías y la competitividad, y los "Millenials" o "Generación Y", quienes crecieron con la llegada del internet de banda, el auge de las redes sociales, y para quienes el trabajo no es sólo una fuente de ingresos, sino una extensión de su identidad, sus valores y experiencias (viajes, gastronomía, eventos).

La generación X, o “latchkey kids”, "niños con la llave al cuello", fueron los primeros menores de edad que cuando regresaban a sus casas, no encontraban a sus padres porque ambos trabajaban. Fueron testigos de cómo el sueño de estabilidad y pensión de los Boomers se desvanecía ante los vaivenes de la economía. La generación X vivió la disonancia del abanderamiento de los valores tradicionales versus la realidad de familias dislocadas, la celebración del materialismo, retratado magistralmente por Oliver Stone en su película “Wall Street” de 1987, y en nuestro entorno, el auge de la economía ilícita. Los Xs también fueron testigos de cómo se enseñaba a colocarse debajo del marco de una puerta en caso de un terremoto; o ¡debajo del pupitre si estallaba una bomba atómica!

Este entorno de “alta contingencia” desarrolló en ellos una mentalidad escéptica, independiente, autónoma y pragmática, donde se valora la exposición a la verdad sin adornos. No en vano, fue en los ochenta cuando EL CALEÑO enarboló su bandera: "la noticia diferente", registrando la realidad de la violencia en la región y dando voz a los que no tienen voz, de forma independiente, pragmática y con saludables dosis de escepticismo.

En el ámbito profesional, esta generación se define por una fuerte lealtad hacia su propia competencia técnica. Habiendo visto a sus padres ser despedidos tras décadas de servicio, los miembros de la Generación X prefieren ser "la persona más valiosa en la sala" como única garantía de supervivencia. Es la generación que domina al mismo tiempo, lo analógico y lo digital. Aprendieron a buscar información con esfuerzo físico en bibliotecas y a reparar objetos con sus propias manos, lo que les otorgó una "codificación profunda" del conocimiento. Hoy, actúan como el soporte invisible de la sociedad moderna, manteniendo la estructura unida sin fanfarrias ni aspavientos.

Siguiendo esta misma lógica, los periodistas de EL CALEÑO comenzaron su carrera cargando pesadas cámaras mecánicas y calculando la exposición química para revelar películas en cuartos oscuros bajo la presión del cierre, para luego transitar hacia la inmediatez del píxel y el smartphone como estación de producción total. Su trayectoria es un viaje de transformación técnica sin precedentes: desde el tableteo de las máquinas de escribir y el envío de crónicas por teletipo, hasta la curaduría de contenidos asistida por inteligencia artificial. Al haber habitado ambos mundos, entendemos que, aunque la IA puede acelerar la redacción o el análisis de datos, la esencia del oficio sigue residiendo en ese instinto humano y ético que se forjó cuando la información aún se imprimía con plomo y el tiempo se medía por el goteo del revelador.

Objetividad, subjetividad y los “Therians”

EL CALEÑO como miembro de la generación X también es testigo de dos formas de entender la realidad: una conformada principalmente por la verdad, basada en la objetividad y el “hecho empírico” referidos a acontecimientos observables, medibles, contrastables, comunicables y reproducibles que a su vez hacen referencia a “las cosas como son” o “tal como sucedieron”, sin tomar en cuenta interpretaciones subjetivas como intuiciones o creencias. Este es el núcleo de la sociedad, sea en la justicia, el desarrollo económico, la tecnología, la ciencia y por supuesto el periodismo, entre otros.

Fueron los hechos empíricos y sus “anomalías” dentro de los marcos conceptuales tradicionales los que propiciaron en la Física teorías como “la relatividad” o la “cuántica”; en la Antropología el “relativismo cultural”, en la Sociología la metodología de la “acción participativa” y en el periodismo la “Crónica”, donde el periodista presenta su vivencia y observación como parte activa del acontecimiento.

Esta disolución entre lo subjetivo y objetivo, basados en hechos empíricos, con el tiempo ha ido más allá, retomando la milenaria filosofía del “subjetivismo”, donde el centro de toda experiencia y juicio es el individuo (el sujeto) y no el objeto o la realidad externa. Para un subjetivista, no hay hechos morales u ontológicos independientes de quien los observa. Una afirmación como "esto es injusto" solo refleja la desaprobación personal de alguien, no una cualidad intrínseca del acto, y la realidad se considera "fluida" y moldeable por los deseos, creencias, opiniones y lenguajes de los sujetos.

Ejemplos históricos del subjetivismo serían Protágoras (“El hombre es la medida de todas las cosas”), Descartes (“pienso luego existo”), Berkeley (“Ser es ser percibido”), Kant (“la realidad es para nosotros, no la cosa en sí”), Nietzsche ("no hay hechos, sino interpretaciones"), Sartre (“cada uno construye su propia verdad y valores) y Foucault (la sociedad “construye” sus verdades).

La popularización de esta forma de entender la realidad en el siglo XXI, tal vez se encuentre en el auge de la llamada “Nueva Era”. El Feng Shui, el PNL, la Mente Positiva, o la simple magia se basan todas en el mismo principio: los “hechos empíricos” o la realidad objetiva (la salud, la riqueza, el prestigio, el poder, los amantes…) depende del “mundo interior del sujeto”, de “la conciencia”, los “pareceres”, “opiniones” “intuiciones” o, en general, de la “subjetividad” de las personas. Luego, la forma de pensar, sentir y percibir es lo que forma y transforma la realidad y no al revés.

Este subjetivismo en el campo social se expresa en la llamada “ideología de género”, uno de los discursos (no el único) utilizado para defender los derechos fundamentales de la comunidad LGTBI, donde la autopercepción del género del sujeto prima sobre cualquier otra posible consideración. Más recientemente hemos sido testigos del surgimiento de los “Therians” o “teriantropos” quienes, como en la experiencia chamánica, sienten una profunda identificación espiritual, psicológica o interna con un “animal no humano”. Ellos teóricamente no creen ser físicamente un animal, (aunque muchos sí lo piensan) sino que se auto perciben vinculados a un animal, lo que llaman "teriotipo".

En el campo periodístico, el subjetivismo está fuertemente ligado con la llamada "posverdad" entendida como aquellos mensajes donde los hechos empíricos pasan a un segundo plano frente a las emociones, las creencias personales y la distorsión deliberada de la realidad.

El fenómeno de la "posverdad", a su vez, se retroalimenta con las “nuevas tecnologías” (celulares, internet, redes sociales) de tres formas: 1) Las nuevas tecnologías utilizan formatos digitales (límites de palabras, videos cortos, espectacularización de la realidad) que no permiten la argumentación compleja. 2) Los algoritmos "premian" los efectos emocionales de los mensajes, y 3) La "posverdad" se difunde con velocidad debido a las dos anteriores condiciones.

Los algoritmos al buscar generar más tráfico o clicks, sesgan la experiencia del internauta dentro del ciberespacio al personalizar y seleccionar el contenido que consume, creando “cámaras de eco” o “microclimas de opinión”. Esta programación digital sólo presenta los contenidos que le gustan al usuario para engancharlo, instaurando una “burbuja” donde se refuerzan sus creencias.

Con las nuevas tecnologías se produce y recibe información sin la mediación de los medios de comunicación, de forma acelerada, bajando la capacidad de reflexión. El mundo digital permite la rápida masificación de bulos y “fakes news”. La verdad, entonces, entra en crisis, el individuo "autista", encerrado en su mundo, pierde de vista temáticas relevantes por no tener acceso a “opiniones disonantes”. La opinión pública se fragmenta y el discurso político se sustituye por la creencia y la adhesión, creando guerra de identidades o polarización (semejante a las barras bravas de los equipos de fútbol), lo cual puede ser capitalizado por líderes políticos que buscan más que seguidores, incondicionales fanáticos.

En este ambiente, donde toda opinión es igualmente válida, los medios tradicionales de comunicación no sólo competimos con los “influencers” por la atención de la audiencia, sino que somos "focos de resistencia" en el sentido que seguimos defendiendo la importancia de la objetividad y rigurosidad para el funcionamiento de la sociedad, lo que a la larga, creemos, será mucho más valorado con el pasar de los años.

En ese sentido, y a pesar de la existencia de influenciadores de gran calidad, pensamos que los medios tradicionales como EL CALEÑO traemos un “know how” de décadas que nos permiten adaptarnos a las nuevas realidades, de formas ya probadas, lo que nos da cierta ventaja a largo plazo. No en vano, hemos sido supervivientes de grandes cambios sociales y tecnológicos, siendo el paso del papel a los bits, para nosotros, el más significativo de ellos.

La Inteligencia Artificial como eje del “nuevo mundo”

¿Y qué nos depara el futuro? Ese “próximo nuevo mundo” vió la luz, coincidencialmente, por los mismos días en que nació EL CALEÑO: entre el 9 y el 15 de marzo pero no de 1976 sino del 2016, cuando el programa de ordenador desarrollado por Google DeepMind, AlphaGo, le ganó 4 – 1 al jugador profesional de go surcoreano Lee Sedol. Este evento no fue solo un hito deportivo, sino la demostración empírica de que una máquina podía desarrollar una forma de "intuición" y estrategias creativas imposibles de programar mediante reglas tradicionales. Aquel momento en Seúl marcó el fin de la era de la computación basada en instrucciones rígidas y dio inicio a la era del aprendizaje profundo, donde los algoritmos dejaron de obedecer órdenes para comenzar a aprender de la experiencia, sentando las bases de la autonomía cognitiva que hoy vemos desplegada en los modelos de lenguaje actuales.

Para el ex-CEO de Google, Eric Schmidt, no estamos ante una simple herramienta de software, sino ante la llegada de una "inteligencia no humana" que representa el cambio social más significativo en los últimos 500 a 1.000 años. El experto sostiene que la transición de modelos que solo manejan lenguaje hacia agentes capaces de razonar, planificar y ejecutar acciones autónomas marcará un punto de no retorno en la historia de la civilización.

Para Matt Shumer, CEO de HyperWrite, con la llegada en este 2026 de modelos como GPT-5.3 Codex, la IA ha dejado de ser una herramienta de apoyo para convertirse en un "trabajador autónomo". Su visión describe un futuro inmediato donde los agentes de IA poseen "juicio propio", siendo capaces de construir aplicaciones completas, escribir miles de líneas de código y corregir sus propios errores sin intervención humana, lo que elevará drásticamente la línea base de productividad y desplazará gran parte del trabajo cognitivo tradicional en cuestión de meses. Esto en otras palabras significa, como cualquiera de la generación X ya sabe, que el hecho de que la IA (como antes el PC, la cámara digital o el celular) te haga el trabajo más fácil, no significa que vas a tener más tiempo libre para ti, ya que se te exigirá aún más o se te despedirá.

Por el contrario, el profesor y ensayista Cal Newport adopta una postura de "productividad lenta" y cautela ante el ruido tecnológico. Newport argumenta que, si bien la IA es excelente para reducir la fricción en tareas administrativas —como organizar calendarios o filtrar información—, no debe sustituir la capacidad humana de pensamiento profundo. Para Newport, el peligro no es solo el reemplazo laboral, sino el "descualificamiento digital". Su visión del futuro no se centra en lo que la IA puede hacer, sino en cómo los humanos deben usarla para proteger su tiempo de concentración, delegando lo rutinario para enfocarse en la calidad.

El debate concerniente a los límites de la inteligencia artificial cobró relevancia en estos días de marzo del 2026, cuando la relación entre el gobierno de los Estados Unidos y el sector de la inteligencia artificial alcanzó un punto de ruptura sin precedentes. La administración del presidente Donald Trump, a través del Departamento de Guerra (anteriormente Departamento de Defensa), designó formalmente a “Anthropic” como un "riesgo para la cadena de suministro", una etiqueta reservada históricamente para entidades extranjeras hostiles. Esta medida se tomó tras la negativa de la empresa, dirigida por Dario Amodei, a eliminar las restricciones éticas de su modelo de inteligencia artificial “Claude”, las cuales impedían su uso en sistemas de vigilancia masiva de ciudadanos estadounidenses y en el desarrollo de armamento totalmente autónomo.

En este contexto, en EL CALEÑO creemos que el periodismo atraviesa su momento de "AlphaGo": un punto de no retorno donde la capacidad de procesamiento de la inteligencia artificial ha dejado de ser una promesa de laboratorio para convertirse en el motor de las redacciones. El futuro entonces dependerá de cómo la sociedad resuelva las preguntas concernientes a la matriz que hemos venido esbozando: ¿Valoraremos y defenderemos la objetividad o sucumbiremos al “subjetivismo” y la “posverdad”? ¿Habrá un “pacto social” contra la polarización? ¿Los gobiernos enfrentarán los “fakes news” como una cuestión de seguridad nacional? ¿Cómo se hará cumplir el derecho de todos a estar bien informados? ¿Cómo se compatibilizará con el derecho de expresión? ¿Quién establecerá los límites morales a la Inteligencia Artificial? ¿El Estado? ¿Cuál Estado? De cómo respondamos, como sociedad, dependerá el tipo de periodismo que veamos en un futuro cercano.

Finalmente, queremos expresarles un profundo agradecimiento a todos ustedes, nuestros lectores; a todos quienes en algún momento formaron parte de esta casa editorial; a las empresas y entidades que nos han apoyado; y a todos los amigos y amigas de EL CALEÑO. ¡Gracias! Gracias por todo el respaldo recibido durante todos estos años. Gracias porque debido al cariño de todos Ustedes, EL CALEÑO tiene hoy la virtud de la confianza como la mejor herramienta para navegar la madurez durante las siguientes décadas del siglo XXI.

Miguel Adolfo Mejía Torres
Director.

Actualizado: 17 de marzo del 2026



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